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La tarea de orar por la unidad de los cristianos, y por el entendimiento y la mutua cooperación entre las iglesias cristianas de todo el mundo, es el núcleo del movimiento ecuménico. En este movimiento participamos todos los fieles de las distintas iglesias cristianas que nos sentimos interpelados por el drama de la división y de la “competencia” entre las iglesias y que deseamos alcanzar la unidad. Este movimiento por la unidad de los cristianos es un don de Dios y a la vez una responsabilidad de los creyentes. Tiene su origen y su fuerza en el deseo de Jesucristo de que todos sus discípulos permanezcan unidos a Él y entre sí en su Iglesia. Así lo pide Jesús a su Padre en su oración de despedida antes de su muerte y así lo trataron de vivir las primeras comunidades cristianas. Los cristianos que deseamos que la unidad de la Iglesia se restablezca nos sentimos animados por el Espíritu Santo, agente de unidad. Esta inspiración divina ha sido asumida por las iglesias cristianas con el horizonte de lograr la unidad plena y visible de la única Iglesia de Cristo. Hay muchas acciones que se pueden hacer para alcanzar tal unidad. Las hay de orden doctrinal en las que el diálogo y el encuentro entre las distintas tradiciones cristianas se concretizan en acuerdos teológicos que nos hacen captar que hay más cosas que nos unen que las que nos separan. Esto hace vernos como hermanos. Finalmente, hay acciones de orden espiritual que son muy eficaces para disponernos al don de la unidad. La oración, la conversión del corazón, la reconciliación y la acogida entre iglesias son acciones que constituyen el alma de todo el movimiento ecuménico. Las reuniones de personas cristianas de diferentes tradiciones para orar por la unidad de la Iglesia son un gran signo de nuestros tiempos a favor de la paz y la tolerancia entre los cristianos, y que prepara para la paz y la tolerancia con los creyentes de otras religiones. Esto hace que nos aceptemos como hermanos tal como Jesús nos ha enseñado. Es ya una tradición centenaria dedicar al menos una semana al año para orar por la unidad de los cristianos. Esta tradición ha madurado a lo largo del siglo veinte, y desde 1968 tenemos una propuesta mundial avalada por anglicanos, católicos, ortodoxos y cristianos de la reforma protestante. Estamos en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (18 al 25 de enero). Todos los cristianos, de todas las iglesias y denominaciones, estamos invitados a orar por nuestra unidad y entendimiento mutuo, por la paz y la reconciliación, para que reflejemos fraternalmente el rostro unido de Cristo. No dejemos de orar por la unidad. Seamos ecuménicos en nuestra vida diaria. Padre Hilario González
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