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Año de San Pablo El pasado 28 de junio el Papa Benedicto XVI inauguró el Año de San Pablo. Este año dedicado al apóstol san Pablo quiere ser ocasión para celebrar los dos mil años del nacimiento del apóstol y tiene como líneas de reflexión la vida y las enseñanzas de san Pablo. Pienso que es una ocasión muy oportuna para que los cristianos nos acerquemos a los escritos paulinos para leerlos en sintonía con el Evangelio de Jesús. Otro de los objetivos de este año temático dentro de la Iglesia católica es hacer con renovado entusiasmo la invitación a rezar y trabajar por la unidad de los cristianos. Si alguna invitación encontramos en las enseñanzas de san Pablo es a la unidad dentro de cada comunidad de creyentes y a la unidad y solidaridad entre las distintas iglesias o comunidades que él había visto nacer y crecer en sus viajes misioneros. San Pablo nos dice en su carta a los Efesios (2,13-22) que en Jesús, y gracias a su muerte, ahora estamos cerca los que antes estábamos lejos, y que Cristo es nuestra paz. Un buen mensaje de unidad y concordia para nuestros días, en ocasiones marcados por los distanciamientos y los malos entendidos, o por las inseguridades y los miedos. Al decirnos Pablo que Cristo Jesús es nuestra paz, utiliza figuras muy fuertes de sanación de rupturas y distanciamientos. Y presenta una imagen muy afectiva y sensible: aquellos que estaban separados por el muro de la enemistad, ahora están cerca, unidos y reconciliados, formando la única familia de Dios. Y para lanzarnos más allá de los horizontes humanos, el fruto de la nueva humanidad reconciliada y pacificada en Cristo es la construcción de un templo consagrado al Señor, es decir, que los sentimientos de concordia y armonía están dirigidos a reconocernos capaces de unirnos en Dios y con Dios, y así ser portadores de la experiencia de Dios en medio del mundo. Esta motivación de Pablo a vivir la paz en la unidad toma una fuerza mayor cuando la conectamos con el primer saludo de Jesús al resucitar: “La paz sea con ustedes”. La experiencia de fe en Jesús Resucitado de los creyentes es fuente de paz para los individuos y para las iglesias. Pienso que en este año dedicado a san Pablo, haremos bien en ir asumiendo en nuestra vida diaria esta motivación paulina, así como su tenacidad en la entrega y su entusiasmo en el anuncio del amor de Dios que se nos ha manifestado en Cristo Jesús y del cuál nada nos podrá separar. Si nos mantenemos unidos y reconciliados, y si nos dejamos empapar por este amor que permanece a pesar de las amenazas, experimentaremos la paz de Dios y la podremos compartir con nuestros hermanos de las distintas iglesias.
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